Ciencia 3.0

La ciencia está de moda. Vivimos un tiempo en el que, afortunadamente, el interés por todo lo relacionado con el mundo científico ha ido en aumento por parte de un público neófito, hambriento de conocimiento, y de cultura cientófila. Hasta ahora, había sido el tiempo de la cultura a través de la literatura, o de la historia, pero ese tiempo ha muerto; ha nacido el de la ciencia como corriente de intelectualidad, y casi hasta modo de entretenimiento. Bendito sea. 

Las nuevas tecnologías y el alcance popular generalista a ellas han tenido parte de culpa en esta nueva corriente de «cultura 3.0”. La ciencia se ha nutrido y beneficiado de manera sustancial de esas nuevas tecnologías, que están permitiendo desempaquetar enigmas y misterios hasta ahora desconocidos, debido a las limitaciones en potencial y en medios tecnológicos, pero es un binomio que se retroalimenta, ya que esa ciencia, según avanza, diseña y conforma nuevas tecnologías al servicio de sí misma. 


Y es que el público de calle ha cambiado su interés como un observador pasivo por la naturaleza, y ha buscado trasladarse hacia otro ángulo, y aprender cómo funciona, el por qué de las cosas, dejando de ser un mero espectador de lo que ve a su alrededor. Ahora quiere participar, quiere saber y conocer, ¡quiere experimentar!. 


La ciencia está de moda. 


La astronomía, la física, la biología y la medicina de investigación son carne de consumo y entretenimiento en la red. Los podcast y producciones audiovisuales en plataformas como Ivoox o Youtube no hacen más que crecer y crecer, conscientes de esa demanda, que se enriquece a sí misma gracias a la creciente legión de divulgadores de vocación que han surgido para compartir conocimiento, para ser conductores y correa de transmisión en toda esta nueva «cultura 3.0”.


Toda esta tésis, se ve apoyada en las redes sociales, y he podido comprobar el hecho de que existen “fans-science”, con edades comprendidas entre los 25 y los 60 años, que han conocido, descubierto o aprendido conceptos de ciencia básicos y naturales, (como por ejemplo, por qué vemos siempre la misma cara de la luna, o qué movimiento experimenta el planeta exactamente, y que da lugar a las distintas estaciones del año: una pista, ninguno) y bien, no los aprendieron en su etapa escolar, porque no era parte del programa y se daba prioridad a materias como la literatura o la historia, o bien porque nadie les había sabido transmitir e inculcar el interés y el amor por este tipo de conocimientos y mecanismos naturales.

Por otra parte, la propia comunidad científica de antaño, ha sido soberbia y celosa del conocimiento que atesoraba, y lo hacía inaccesible ––no estaba al alcance–– si no eras preso de un verdadero interés vocacional, y con frecuencia bajo un gran esfuerzo y dificultad. Las matemáticas, si bien han permanecido como materia troncal, tampoco han sabido transmitirse de manera práctica o atractiva, ni trasladarse a la vida real en la etapa principal del desarrollo educativo e intelectual de un joven estudiante, y ese poso de recelo y desconfianza, permanece casi inalterable durante la edad adulta. 


Ahora todo es más fácil, y todo está al alcance. La nueva generación de expertos y divulgadores en “ciencia 3.0” hacen que sea todo muy cercano, sencillo, atractivo y, sobre todo, interesante. Parece como si todos esos viejos y espinosos conocimientos se hubiesen desempolvado, y ahora brillen lustrosos mientras nos sonríen simpáticos, y nos provocan, con picardía, mediante sus constantes retos en investigación y descubrimientos. Nos interesa mucho más el proceso biológico celular, que el síntoma o consecuencia de un desequilibrio que nos provoca una enfermedad. ¡Queremos saber por qué, y nos fascina!

Las preguntas que surgen de todo esto son: ¿La Ciencia 3.0 ha venido para quedarse, o es solo una moda pasajera?. ¿Qué resultados, en términos de de avances a medio plazo/largo, nacerán de todo esto?


Estaremos muy atentos. Sospecho que el ritmo de crecimiento en investigación, conocimiento e interés por parte de las nuevas generaciones, harán exponencial esta curva ascendente de progreso. 

Álvaro Fernández


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